¿Cuándo se “pellizca” Venezuela?

miércoles 24 agosto 2016

El Gobierno nacional desembolsó una millonaria suma en dólares y bolívares para Río, tan alta que tres medallas no la justifican. (Foto/La Nación)

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El Gobierno nacional desembolsó una millonaria suma en dólares y bolívares para Río, tan alta que tres medallas no la justifican. (Foto/La Nación)
El Gobierno nacional desembolsó una millonaria suma en dólares y bolívares para Río, tan alta que tres medallas no la justifican. (Foto/La Nación)
Las olimpiadas de Atlanta-1996 fueron el punto de quiebre para que dos países, uno europeo y otro sudamericano, se replantearan su política deportiva, luego de acabar en el medallero con resultados entre discretos y magros.
Se trata del Reino Unido y Colombia, que registraron 15 medallas (1 oro, 8 plata y 6 bronce) el primero y cero el segundo en aquellas olimpiadas, pero que en Río dieron un salto de calidad a la élite del deporte mundial, como consecuencia de una planificación hecha a conciencia y, sobre todo, con una mayor inversión en la actividad deportiva.
La BBC y la revista Semana entregaron sendos trabajos que explican cómo estos países se “pellizcaron” en un momento dado y comenzaron una escalada progresiva en el deporte de élite, que los llevó a ocupar las casillas dos y 23, respectivamente, en los recién celebrados juegos de Río.
Diario La Nación hizo una comparación de ambos modelos, a fin de dilucidar las claves que determinaron el éxito de estas naciones, que a su vez podrían dar luces al deporte venezolano para encaminarse hacia el éxito, pensando desde ya en los Juegos Olímpicos de Tokio-2020.

Incremento de la inversión
Tanto en Reino Unido como en Colombia, una de las primeras medidas que se tomaron tras su fracasada actuación en Atlanta fue la de incrementar el presupuesto para el deporte, con la diferencia de que los británicos lo hicieron en función de los atletas con potencial de medalla olímpica, mientras los neogranadinos apostaron a invertir desde la base.
En Reino Unido los fondos, que provienen en su mayoría de la lotería nacional, crecieron 11 veces más para la causa de Sidney-2000, así, de 5 a 55 millones de euros entre una olimpiada y otra, logrando facturar mejores resultados, los suficientes para terminar décimo en el medallero.
En Colombia, lo primero que se hizo fue priorizar las disciplinas más fuertes; pero luego, con la premisa de que el deportista nativo podía dar más, en 2002 se incrementó la inversión deportiva a 352 millones de pesos, destinada a la construcción y mejoras de instalaciones deportivas.
Posteriormente, en 2010, comenzó el robustecimiento de las finanzas de Coldeportes, equivalente en Venezuela al Min-Deporte, que al cabo de seis años pasó de un presupuesto de 150 millones de pesos a 450, cuantía que se repartió en infraestructura y formación deportiva.

El deber de cumplir
Pero, en un caso y otro, no era solo el efecto chequera, todos esos recursos debían ir justificados en una planificación que debía cumplirse.
De manera más drástica, en el Reino Unido, la disciplina que no llenaba las expectativas perdía la inversión; mientras que en Colombia, en 2010, se trazaron la meta de conseguir 3.000 medallas en ocho años: a la fecha, sumando su participación en Bolivarianos, Suramericanos, Centroamericanos, Panamericanos, Mundiales, Olímpicos y Paralímpicos, van 1.690.
Para la consolidación de la gran meta, Colombia no solo convocó a sus atletas de alto rendimiento, sino que involucró también a las regiones, que debían procurar la formación constante de los deportistas llamados a ser generación de relevo.
En este sentido, incentivó la competencia nacional, con sus juegos internos, pero pensando en la internacionalización, algo que, por ejemplo, se ha perdido en Venezuela, donde todavía se espera por la fecha de los próximos Juegos Nacionales o las llamadas olimpiadas criollas, las últimas se celebraron en 2013.

Mejoras sociales
A la par de mejorar las condiciones para el entrenamiento en Colombia, también han desarrollado una serie de programas para estimular el trabajo del atleta y el entrenador, desde lo social, y que va más allá de las becas que son, no obstante, el principal incentivo.
La idea es que el atleta con talento y resultados probados se dedique solo al deporte: por ejemplo, en el último año un atleta podía percibir por concepto de beca entre 1 millón 34 mil pesos a 4.136.730.
Ese monto en Venezuela equivaldría a entre 400 mil y 1.5 millones de bolívares por atleta, una cifra absurda para un deportista nativo, acostumbrado a becas paupérrimas, apenas por encima del sueldo mínimo algunas, que poco o nada rinden en una economía distorsionada, golpeada por la inflación y la escasez.
Cifras divulgadas por el portal El Estímulo indican que Venezuela desembolsó para Río 34 millones de dólares, 15 millones 500 mil euros y 775 millones de bolívares, destinados a la preparación y participación de 550 atletas criollos en 464 eventos internacionales, 206 de ellos clasificatorios, en 25 disciplinas, pero dados los resultados obtenidos, se demuestra que no es lo que se gasta, sino cómo se gasta.
El conformismo es una de las peores enfermedades sociales. Tres medallas no son reflejo de una gestión exitosa, sino la muestra de una cadena de errores continuada, que en otros países decidieron cortar, haciendo mea culpa y reconstruyendo sobre las ruinas. A cuatro años para Tokio, ¿cuándo se “pellizca” Venezuela? (María José Salcedo)

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