martes 25 enero, 2022
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“El Diamante” vs. “El Renacido”, cara a cara arriba del ring: la increíble historia de la pelea entre un policía y un preso

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En un hecho inédito, un agente de la Bonaerense se enfrentará a un detenido en una velada que será transmitida por televisión abierta.

La balanza dio 72,300 kilos para uno y 72,500 para el otro. Los dos están en peso. La pelea e|s mañana, a cuatro rounds, y como no hay localía, llega el turno del sorteo de esquinas. La moneda vuela por el aire, cae al piso y dice que ganó Julián Isaías “El Diamante” Gómez (29). Le toca la esquina roja. “No, ¿qué roja? Quiero la azul. Yo soy sangre azul”, pide.

A Martín “El Renacido” Jara (31) lo de las esquinas le da igual. Los dos se dan vuelta, quedan cara contra cara. Se miran a los ojos. A milímetros de distancia. Uno es policía bonaerense. El otro llegó custodiado en un camión del Servicio Penitenciario Bonaerense. Está preso hace once años. Por robos. Apenas en slip, se le notan los tatuajes tumberos y los cortes en los brazos.

De fondo, alguien grita “¡vamos los bandidos!”. Jara sigue inmutado. Es como si le diera lo mismo todo. Gómez responde “nosotros somos gente”, en forma despectiva.

 

Un segundo después, a Jara le dan un empujoncito, el movimiento hace que empuje a su rival y las cerca de cincuenta personas agitan. El altercado queda ahí. Lo que se tiene que ver, se verá este sábado en el ring. Por Canal 9, en el Club Deportivo Morón y organizada por “Chino Maidana Promotions”.

Jara subirá al ring acompañado por un rapero que comenzó con la música en la cárcel y, su rival, con la orquesta sinfónica de la Bonaerense de fondo.

En la víspera

Es viernes por la noche y Martín Jara conversa con Clarín desde su celda del pabellón 8 de la Unidad 48 de San Martín. Lo escuchan y lo rodean cuatro compañeros. Son “su rancho”.

“En todas las cárceles bonaerenses se está hablando de la pelea. Intento no escuchar nada. Es mi rival. Todo el que hace boxeo tiene rivalidad contra el boxeador que está en la otra esquina. Para mí es uno más y lo tengo que noquear. Porque esto es mi trabajo. Al boxeo me lo enseñaron como un trabajo. Es mi única fuente de ingresos. Con lo de las bolsas me mantengo acá adentro, y ayudo a mi mujer”, explica.

Jara es de Bahía Blanca, del barrio Villa Perro. Se recuerda aprendiendo el deporte desde el jardín, por su papá; era albañil y boxeador. “A la edad de la primaria ya sabía pararme frente al espejo y entrenaba. Pero mi primera pelea fue a los quince años”, recuerda.

Como boxeador amateur, en su primera etapa, realizó 56 peleas. La última fue a los 18 años. A los 15, además de entrenarse, cambió la escuela por changas de pintor. A los 20 años cayó preso. Lo enviaron a la Unidad 19, de su ciudad, y lo condenaron a quince años. Desde su ingreso, solo salió a pelear. En un lapso de cinco años, sumó 21 peleas más como amateur y sus primeras tres como profesional: 2 triunfos (uno por KO) y un empate.

Va a todos lados custodiado por penitenciarios que llevan armas largas. La pandemia hizo que se le terminaran las salidas. Hoy es su regreso a la calle.

“En este momento, lo único que tengo son mi mujer, mis puños y vos”, le dijo Martín a Walter “El Pana” Sosa (48), su entrenador. Como técnico, llegó a Las Vegas y otras ciudades de Estados Unidos, a Brasil, a Rusia y al Luna Park. Pero dice que “ningún boxeador de la calle”, le dijo algo como lo que le afirmó Martín en uno de los últimos entrenamientos.

“Eso me re pegó; fue fuerte. Hizo que me involucrara más”, cuenta. Hace cerca de diez años que Sosa dicta talleres de boxeo en el Complejo carcelario de San Martín. Siempre gratis, de corazón. Y cuando le comentaron que en la Unidad 19 de Bahía Blanca había “un pibe con licencia al que querían hacer pelear pero no tenía entrenador”, no lo dudó. Se ofreció desde el primer momento.

La única condición era que lo trasladaran a San Martín. Y Jara, como se dice en la jerga, “fue camión”: primero lo trasladaron a la Unidad 29 de Melchor Romero, pasó dos días encerrado en “buzones” (una celda individual, de 2×2) y de ahí a San Martín.

“No soy quien para juzgar a alguien. Estoy para aportar lo mío, que es el boxeo. Y si tengo que ayudar y entrenar a un policía, también lo haría”, dice Sosa.

“Hace tres semanas y media que estamos entrenando juntos. Por supuesto que hacer ‘campamento’ en la cárcel no es lo mismo que en libertad. Damos ventajas en las comidas, en que uno duerme en una celda y otro en su casa, en los sparrings. Pero estamos a la altura. Le veo potencial. Le tengo confianza a Martín; tiene mucho corazón; es fuerte, está muy convencido de sí mismo. Tiene que estar orgulloso de lo que está haciendo. Ya es un logro. Y para mí es un desafío muy grande. Dios dirá qué nos depara el destino”, agrega el DT.

Se supone que el futuro es un contrato por tres peleas con “Chino Maidana Promotions”. “Si en la cárcel trabajo de jardinero me pagan cien pesos por mes, y me lo pagan como a los tres meses. Yo no quiero trabajar de otra cosa. Quiero ser boxeador y ganarme lo mío. Siempre que aposté al boxeo me fue bien. El que me conoce sabe que amo al boxeo como si fuese mi vida y que dejo todo y voy para adelante. Este sábado todos van a ver que lo que digo es en serio”, promete.

En un principio, la pelea iba a ser a seis rounds. En el pesaje, Martín se enteró que finalmente es a cuatro. Ahí comentó: “Es lo mismo. Si no va a llegar ni al primero…”.

La condena de Martín es por varios robos a mano armada. Como que evita hablar del tema. Solo comenta que el primer paso fue dejar el boxeo. “Estaba rodeado de gente que solo le interesaba su bienestar, y que económicamente nunca me ayudaron”. Como sabía que recibiría una condena larga, le pidió a sus padres que lo dejaran solo, que no lo visitaran. Varios presos hacen lo mismo: creen que como fueron los únicos que cometieron los delitos, deben ser los únicos que deben enfrentar la pena, sin generarles el esfuerzo de ir a verlos y de llevarles cosas para comer.

En esa vida solitaria que comenzó a los 20 años en la cárcel de su ciudad, el boxeo, que había sido lo mejor de su vida afuera, fue lo mejor que encontró adentro. Lo llevó a estar en un pabellón de conducta ejemplar, a conocer a su mujer, a hacerse profesional y sacar su licencia, a ganarse su dinero con las peleas y a planear un futuro.

Él lo deja claro, lo tiene claro: “El boxeo es llegar a lo más alto; es pensar en triunfar en la vida y que todos se acuerden de mí. Es mi trabajo y sé que para poder ganarme el pan de cada día, tengo que ganar mis peleas. El que entiende de boxeo, sabe de lo que hablo”.

GL

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