lunes 24 enero, 2022
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Un “travieso” Rafael del deporte venezolano

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Rafael Agustín Travieso Vivas se apareció por el Táchira en 1963. Desde su natal Durigua, una población cercana a Barquisimeto aterrizó en el Colón de “Las Palmeras”, enviado por el Ministerio de Educación, para que impartiera sabiduría en el liceo “Tulio Febres Cordero”, respaldado por sus conocimientos adquiridos como integrante de la 2da promoción de la Escuela de Entrenadores Deportivos de Caracas en Educación Física, año 1961.

Más nunca regresó a la “crepuscular” Barquisimeto, el “travieso” Rafael, como le conocen sus amigos, en su alusión a su apellido de pila; aquí se enamoró, para casarse luego con una tachirense y procrear cuatro hijos, tres varones: Landy, Erhy y Wilfrey y una hembra, Kely, su razón de ser, una bella morena de 37 años, casada, madre de una pequeña de 9 años, quien se suma a 9 nietos más del abuelo Travieso.

Especializado en atletismo, voleibol, béisbol y fútbol, no obstante se inclinó por el fondismo, carreras cortas y largas. Por tres años repartió conocimientos a jóvenes estudiantes en la capital del municipio Ayacucho, para luego ser cambiado al liceo “Pedro María Morantes”.

Compartía labores en la institución concordiana y la desaparecida Escuela Técnica Femenina en barrio Obrero. Hasta su jubilación, durante tres décadas, entregado totalmente a la causa deportiva, una especie de maná, alimento del cual se nutre aún para soportar su enfermedad.

Con una mente prodigiosa, pese a su delicado estado de salud y con 83 años a cuestas, el profesor Travieso cuenta su interminable carrera de formador de atletas, amén de profesionales de bien, quienes tienen en su maestro, profesor y consejero de toda la vida, un ejemplo a seguir.

En 1977 ingresó al Colegio de Abogados del Táchira como socio contribuyente, y después de un par de años pasó a ser nómina fija en calidad de Coordinador de Deportes, cargo que ejerció hasta el 2016, obligado a retirarse por problemas de salud.

El Táchira, Venezuela y América conocen la trayectoria de Rafael Travieso, asistió a varios campeonatos nacionales de atletismo y los   Juegos Panamericanos de Cali en 1971 entre otros de los tantos eventos en los que estuvo de cuerpo entero el entrenador larense, pero “gocho” de corazón.

Son muchos los logros de este interminable hombre del deporte nacional, que a groso modo contó al periodista: fundador del Colegio de Entrenadores de Venezuela, seccional Táchira; organizó y dirigió los primeros Monitores Deportivos del Táchira, además de asesor de atletismo de varios gremios profesionales de la entidad federal, concretamente los Colegios de: Periodistas, Abogados, Médicos,  Bioonalistas, Licenciados en Educación y el Sitte.

Tampoco olvida, que junto a otros colegas suyos habilitaron un espacio del Parque Quinimarí, para que un grupo de atletas de la tercera edad dieran rienda suelta a la actividad deportiva, bajo su asesoría y sin recibir a cambio nada, totalmente ad honorem.

Se resiste a “tirar la toalla”

Como un boxeador cuando está a punto del nocaut, pero sigue en pie pese a la andanada de golpes del rival, Rafael Travieso, bastante disminuido en su salud, aquejado de problemas respiratorios y la falta de un riñón, en su casa de habitación en Pirineos Uno, recibe la visita de viejos amigos y muchachos atletas para que les aporte el consejo oportuno de cualquier actividad deportiva a emprender.

Parte de sus reconocimientos y un largo historial deportivo de más de seis décadas están plasmados en muchas fotografías, cuando apenas empezaba en las lides del músculo y ya en el ocaso de su carrera, que las muestra orgulloso al periodista para la nota a publicar en Diario la Nación.

Un pedimento antes de culminar la plática: “gracias a todos los amigos, a los gremios profesionales, a quienes han estado pendientes de mí en esta enfermedad, un bronco espasmo, el que tengo que soportar hasta que el Creador me llame a rendir cuentas; aunque no ha sido obstáculo para que todas las mañanas, luego de levantarme haga mis ejercicios de toda la vida, ahora por muy poco tiempo, pero que sirven para aferrarme a la vida”.

Homero Duarte Corona

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