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Lino Alonso, el gallego que dio cuanto pudo al crecimiento del fútbol venezolano

Lino Alonso se desempeñaba como mano derecha de César Farías en The Strongest, pero su mayor reconocimiento es por su trabajo en categorías menores. (Foto/Gustavo Delgado)

Lino Alonso se desempeñaba como mano derecha de César Farías en The Strongest, pero su mayor reconocimiento es por su trabajo en categorías menores. (Foto/Gustavo Delgado)
Lino Alonso se desempeñaba como mano derecha de César Farías en The Strongest, pero su mayor reconocimiento es por su trabajo en categorías menores. (Foto/Gustavo Delgado)

Lino Alonso es de esos próceres del fútbol venezolano que, aunque no nació en esta tierra, dio todo cuanto tuvo y pudo para engrandecerla.
Vino a este mundo en Orense (Galicia), el seis de junio de 1956, y Dios decidió que su hora de partida al reino de los cielos sería en la madrugada de ayer, Domingo de Ramos, en pleno inicio de la Semana Santa, cuando súbitamente su corazón se detuvo. Se encontraba en La Paz, Bolivia, donde hacía parte del cuerpo técnico del The Strongest de César Farías, a quien acompañaba desde su paso por la selección nacional de mayores.
Desde chico descubrió su pasión por el fútbol, en el que no pudo ser más que un jugador amateur. Nunca alcanzó la profesionalización y quizá fue esa la única etapa que no pudo quemar en una disciplina, en la que alcanzó gran reconocimiento como técnico, pero sobre todo como formador de nuevos talentos, una labor que lo llevó a ser condecorado por la Conmebol en 2012, año en el que también hizo parte de los campamentos Harina PAN – Real Madrid, que favoreció a varios noveles jugadores.
Alonso creía profundamente en el valor de sembrar talento y fue así como, con constancia y trabajo, pronto vio crecer el semillero nacional.
Humberto Perozo, periodista del Diario Panorama entrevistó a Alonso en aquel año y este le ofreció su concepto sobre el fútbol con una metáfora sobre el bosque.
“Antes teníamos en un despoblado un arbolito. Luego otro árbol. En este momento hay un bosque, y quisiéramos que pudieran salir árboles bien grandes, bien fuertes, buena madera que durara mucho. Pero el árbol depende de la raíz: lo que se ve del árbol para arriba depende de lo que tiene del terreno para abajo. Qué valores traen, forma de vida y aceptación a lo que conseguirán, como en el bosque el viento, el agua, la tala, la quema. Siempre sobrevive el más fuerte o el mejor ubicado”.
Exigente, disciplinado y profundamente identificado con el ideal de ser y sentir venezolano. Así era Lino Alonso en el fútbol y eso lo inculcaba a sus pupilos.
Su mayor logro como entrenador fue la medalla de oro conseguida en los Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Maracaibo, en 1998, con una selección integrada por figuras de la talla de Cristian Cásseres, Jorge Alberto “Zurdo” Rojas, Leopoldo Jiménez, Alexander “Pequeño” Rondón y Daniel “Cari Cari” Noriega.
“Fue una generación trabajada con una motivación al logro, no al poder de jugar bien, sino al logro”, dijo Alonso sobre aquella conquista que lo llenó de profunda satisfacción, como también lo hizo el ver que finalmente el fútbol había crecido para todos y que el trabajo para los nuevos formadores se hacía en cierta manera más sencillo, pues hoy hay más de dónde escoger.
En el tintero de lo que pudo escribir y quedó muy cerca, está la ansiada e histórica clasificación a un Mundial. Una misión que contemplará desde otro plano, guiando en cierto modo, con los conocimientos que dejó, la mano de quien tome o continúe los destinos de la selección. (MJS)