Grandes anónimos detrás de la bicicleta

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Larry Lizcano ha sido un eterno enamorado del ciclismo de ruta, a través de varias facetas, en la actualidad en condición de juez motorizado. (Foto/La Nación)
Larry Lizcano ha sido un eterno enamorado del ciclismo de ruta, a través de varias facetas, en la actualidad en condición de juez motorizado. (Foto/La Nación)

Cualquier caravana ciclística en Venezuela y el mundo tiene como principales actores a los corredores, los valientes ruteros que arriba de la bicicleta brindan espectáculo a chicos y grandes. Sin embargo, al  lado de los atletas están inmiscuidos una serie de personajes a todos los niveles, seres anónimos que cumplen una labor heroica en ocasiones pero que son ignorados, poco conocidos.

Larry Lizcano es uno de ellos. Se prendió del ciclismo de ruta en 1970 para quedarse por siempre. Un “noviazgo” próximo a cumplir medio siglo y se mantiene con la llama viva, cada vez más intensa, un ejemplo a seguir por los que ahora comienzan a dar los primeros pasos en estos avatares.

Cuenta su historia: su primera experiencia fue en 1970, en una Vuelta Ciclista a Venezuela, en función de ayudante de mecánico de Mario Mejía, siendo muy joven. Tenía como misión la limpieza de las bicicletas, en fin cualquier mínimo detalle del “caballito de acero” para el que al día siguiente el corredor partiera en la etapa sin el mayor riesgo posible en carretera.

En 1971 fue auxiliar del equipo Zulia, en el Giro Nacional, edición donde se coronó campeón Nicolás Reidtler; también hizo de conductor de una de las móviles de Radio San Sebastián en dos ediciones de la Vuelta al Táchira; compartió en carretera con Emir Ruiz, quien era el comentarista de una de las cadenas radiales de la entidad, conduciendo su moto.

Un hombre “orquesta”, especie de utility a través de los años en cualquier competencia de ruta en Venezuela y el exterior, algo de lo que se siente orgulloso Larry Lizcano, muchos kilómetros de recorrido, aún no sabe cuántos le quedan por transitar todavía.

Una plática amena, con el testimonio de “Curramba”, uno de sus trabajadores en la pequeña empresa de frenos del interminable hombre del ciclismo. Con el fondo musical de las tantas canciones de Diomedes Díaz, que sirven de inspiración de Lizcano, allá por la avenida España, cerca del estadio Pueblo Nuevo, para sacar como conclusión que el deporte -en este caso el ciclismo- es rico en grandes acontecimientos, batallas del mundo del músculo que bien vale la pena escribir y comentar.

Sumado a masajista, ayudante de mecánico de bicicletas, juez motorizado, conductor, Lizcano también ha hecho de director técnico, entre 1976 y 1977 dirigió el equipo B de la Lotería del Táchira en varias competencias y en 1980 el club “Vicor” de Carabobo.

El Mundial de Ciclismo celebrado en San Cristóbal en 1977 marcó a este hombre ducho en los avatares del ciclismo, pues conoció y compartió con grandes luminarias de la época, entre los que destacan el cinco veces campeón del Tour de Francia, el belga  Eddy Merck; y  la Vuelta a Cuba del mismo año, cumpliendo la función de masajista de la selección nacional de Venezuela.

Como colofón del diálogo, Larry Lizcano se levanta del taburete para enseñarnos una serie de fotografías guardadas en su móvil inteligente en la que aparece al lado de grandes figuras del ciclismo mundial, con los que compartió en las tantas carreras a las que asistió, uno de ellos el estadounidense Greg LeMond, campeón del mundo de ruta en los años 1983 y 1989 y triple campeón del Tour de Francia en 1986, 1989 y 1990.

Uno y mil eventos en su haber

Apunta Lizcano que enumerar uno a uno todos los eventos a nivel nacional e internacional en donde ha estado presente en cualquier función llevaría mucho tiempo. No obstante trae a colación, aunado a los antes expuestos, la Vuelta a Colombia de 1972, los Juegos Bolivarianos en La Paz, Bolivia, en 1977; 45 ediciones de la Vuelta al Táchira en Bicicleta, infinidad de Vueltas a Venezuela, pequeñas carreras de varios estados del país, así como otros grandes eventos del contexto nacional e internacional.

Acompañó en calidad de motorizado y asistente a directores deportivos de ciclismo muy connotados, unos ya idos de este mundo como: Aureliano Gallón, Cañas, Leandro Coco, Osman Pulgar, Guillermo “Lobatera” Cárdenas y Arnoldo Méndez, entre otros.

Su único hijo varón, homónimo suyo, le ha seguido los pasos, también es juez motorizado y aliado de siempre, en el deporte y en el trabajo. Casado hace más de 40 años con María Porras, con la que procreó además de Larry junior a Dayana y Edymar, quienes hicieron ya hicieron abuelo a su progenitor, “el viejo Larry”.