Cuba va al Mundial con la camiseta de Brasil

jueves 28 junio 2018

Sin mostrarse en todo su esplendor Brasil dio cuenta de Serbia y se enfrentará a México en octavos de final. (Foto/AFP)

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BAUTA, Cuba, 28 Jun 2018 (AFP) – Llueve en la periferia de La Habana. Los rayos generan estática en la imagen del viejo televisor de tubos chino marca Panda. No importa. Paulinho coloca el balón y se ve claro. Gol de Brasil. Los cubanos celebran. Un trueno retumba a lo lejos, acompañando el festejo.

Bauta es una ciudad de 50.000 habitantes ubicada al oeste de la capital. Cada vez que llega un Mundial, su población se prepara para alentar a la verdeamarela. Sus calles se embanderan con el «Ordem e Progresso». Los juegos se transmiten en el teatro del pueblo y quienes no alcanzan a entrar lo ven reunidos en sus casas.

En un país que sólo llegó a una Copa del Mundo en 1938, porque todos los rivales de su grupo desistieron de participar, en cada torneo sus ciudadanos eligen a quién apoyan. Y en Bauta lo tienen claro. Así lo dice el narrador de Tele Rebelde, Sergio Ortega, cuando transmite un juego: Brasil es el país que más hinchas tiene en Cuba.

«Esto nació en el 2006 (…) Cada vez que juega Brasil pintamos todo de verdeamarelo. Los muchachos se pintan el cabello. Los cubanos nos identificamos más con los brasileños, la samba, el ritmo, la raza. Somos cubanos, somos latinos, somos Brasil», cuenta Alberto Izquierdo, de 65 años.

Junto con otros de sus vecinos, «Albertiño» -como dice en el dorso de su camiseta- invitó a brasileños residentes en La Habana para ver el juego contra Serbia en su casa. Si la alegría se representara con el símbolo del infinito, la mitad de la curva sería cubana y la otra mitad brasileña. Suenan los tambores, los timbales, las sirenas, todos celebran, cantan… y bailan, bailan mucho.

«Estoy muy emocionado. Nos han acogido de una forma tan cálida. Me habían dicho que Bauta era la ciudad más brasileña de Cuba. No conocía. Y voy a volver. Estoy en casa. Nos han traído buena suerte. Hemos ganado y jugado bien», dice el embajador Antonio Alves Junior, jefe de la misión diplomática de Brasil en Cuba.

Un muñeco de Ronaldinho Gaúcho fue colocado encima de la TV para dar suerte.

Del béisbol al fútbol

En Cuba ha dominado siempre el béisbol. Y también el básquet y el box. Aunque, como amantes del deporte, esperaban ver el fútbol, que antiguamente se transmitía en diferido algún fin de semana. Con ese conocimiento, los cubanos fueron haciéndose hinchas de los ganadores: Alemania y Argentina lideraban las preferencias en los 90.

Pero con la globalización, la isla socialista se fue adaptando. Actualmente la TV cubana transmite en señal abierta y en vivo partidos de la Liga Española, la Bundesliga o la Liga de Campeones. Es habitual ver por la calle a cubanos vistiendo camisetas del Barcelona o Real Madrid y armando discusiones y debates en las plazas.

Cuando hablan, parecieran sentirse embajadores del equipo que alientan. «Somos fans de Brasil, los queremos. Vamos a ganar. Ya Alemania se fue. Es uno menos. Cuba entera apoya a Brasil y estamos con ellos», dice María Esther Ríos, de 55 años, en el entretiempo. Junto con su familia, en el teatro del barrio, con banderas, gritos y vuvuzelas celebran el 1-0 parcial a favor de los muchachos de Tite.

Se reinicia el juego. El intento de presión de Serbia pone nerviosos a los cubano-brasileños. «Quítensela, coño», grita una espectadora. Hinchas con camisetas de Neymar, de Paulinho y de Casemiro abundan frente a los televisores antiguos o «culones», como les dicen en la isla, aludiendo a su amplia parte trasera.

Hasta que Thiago Silva marca el 2-0 para Brasil. Todo está consumado. El juego acaba, suenan las sirenas, la lluvia amaina y un grupo de cubanas con sus camisas brasileñas sube a un Chevrolet del 57 descapotable para las fotos y selfies de rigor. Bicitaxis y motocicletas se suman a la fiesta.

Atrás, un camión de los años 50 cierra la caravana, repleto de hinchas. ¿Y los fuegos artificiales? No hay pero, cuando el chófer acelera, el viejo motor parece hacer combustión externa y lanza una estela de humo que cubre toda la cuadra. Allá van, rumbo a octavos de final.

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