El día en que a Diego Maradona lo rechazaron para jugar en Venezuela

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El día en que a Diego Maradona lo rechazaron para jugar en Venezuela
El día en que a Diego Maradona lo rechazaron para jugar en Venezuela

Diego Armando Maradona tiene una filiación especial con Venezuela. En reiteradas ocasiones se ha revelado como un militante de las ideas y del régimen de Nicolás Maduro. Pero hace muchos años, desde el seno del país caribeño, al Diez lo rechazaron de plano: hubo un dirigente que, cuando le ofrecieron incorporarlo, no dudó en bajarle el pulgar. “Mi reacción fue decir que no”, admite. Y todavía sostiene que su decisión fue acertada. Así lo reseña El Clarín de Argentina.

En 1998 y luego de 13 meses del último partido jugado por Diego, contra River en el Monumental muchos se ilusionaban con la chance de que volviera a danzar sobre la hierba. Aunque no en todos los rincones de Sudamérica.

“En Venezuela se había hablado de la posibilidad de que jugara con el Mineros de Guayana o Estudiantes de Mérida”, rememora el presidente de Estudiantes de Mérida entre 1999-2000.

César Guillén era ese directivo. Su trayectoria estuvo signada por varios episodios, todos ligados al club -que este año fue eliminado de la Sudamericana por Argentinos, el semillero donde brotó la magia de Maradona.

Uno de los más trascendentes, de hecho, fue el cierre de su segunda gestión, que se extendió desde 2011 hasta 2013. “Cuando iba a entregar la presidencia en una asamblea, la suspendieron a través de un recurso de amparo y nos robaron al equipo”, sintetiza.

Pero hubo otro hito más, del que poco se supo. Cuando arribó a Buenos Aires para presenciar el sorteo de la Libertadores 1999, de una conversación con el DT Antonio D’Accorso surgió la posibilidad de fichar a Diego, quien nunca disputó esa Copa.

Si bien para el club merideño, que tenía 27 años por aquel entonces, la llegada de Maradona parecía un sueño, Guillén le dio la espalda a la chance de tentar al mago de melena enrulada: “Estaba que volvía, que no… Me lo ofrecieron y confieso, con todo el respeto, que dije que no”.

-¿Por qué?

-Se sabía que Maradona estaba con problemas personales, el consumo de algunas sustancias no lícitas, y por eso manifesté un no rotundo en la primera conversación. Lo que menos quería era traer a mi ciudad los problemas que podían generarse en torno a Diego.

-¿Cambiaste de opinión en algún momento?

-Cuando hablé con Antonio (D’Accorso) le dije que la única condición que le pondría era que él se trasladara a Venezuela junto a Maradona, las hijas y la esposa. Por ahí, con la familia, era posible que actuase de una manera distinta.

Más que inconvenientes, Diego buscaba apilar rivales y planear coreografías con la N° 5. Su incorporación era una forma de darle a Estudiantes de  Mérida una atracción que estuviera a la altura de su teleférico, cuyas líneas se sumergen en las nubes hasta llegar a los 4.978 metros del pico Bolívar. Y Guillén lo entendía. “Cuando el profesor -cuenta- lo vio viable, se contactó con Coppola, quien nos invitó a reunirnos.

Lamentablemente, esa reunión iba a ser en medio de una fiesta que hacían en la casa de él y me negué, porque eran conocidos los modos y medios de hacerlo. Tenía que ser algo normal, no en ese contexto. Ahí terminó la aventura”.

Antonio D’Accorso, uno de los fundadores de Estudiantes de Mérida, había dirigido a Maradona en el Bicho y fue el primero en darle la 10. “Yo le explicaba a César que había que analizarlo como jugador.

Como persona tiene las miserias que tenemos todos los hombres”, rememora el coach. Pocos lo conocían como él: compartía asados con su familia, charlas de sobremesa y partidos de truco en los que, según aclara, “Diego sobresalía siempre”.

Más allá de su veto, César Guillén valoraba las cualidades de Diego. “No me arrepiento en absoluto de haber dicho que no, porque en mi actuación de vida han prevalecido los valores y principios. Eso te lleva a no anteponer intereses circunstanciales”, asume. D’Accorso, de hecho, lo confirma: “Cesar es un tipo íntegro, de esos que te preguntas si de verdad existen. Sus convicciones hicieron que no quiera a Diego en su equipo”. Parecía el sueño de cualquiera. Pero desde esa Venezuela que Diego tanto quiere, en ese momento le dijeron que no.

 

El Clarín de Argentina